lunes, 30 de noviembre de 2009

Crónica de un Verano de Jean Rouch




Cinéma Vérité

El cinema vérité es una corriente cinematográfica la cual provienen del documental, los cuales fueron filmados  con cámaras portátiles y utilizan un equipo de sonido sincronizado. Años despues los aparatos de filmacion se hicieron más pequeños y manejables, para que los documentalistas pudieran tener mas movimientos; Se dice que despues de esta corriente se desarollo un estilo narrativo capaz de influir  en los cineastas de ficcion. Claro esta que los maestros del cine teorico del nuevo estilo, reclamaron la herencia de una estilo soviético, Dziga Vertov, que años atrás había planteado esa eficaz tecnica  que la cual la hacia llamar  llamar Cine-Ojo, por identificar ambos conceptos.


Este nuevo movimiento le dio muchos cambios al cine los cuales los cinestas de esos momentos no estaban seguros si realmente eran buenos, ya que tenian que utilizar diferentes estructuras como carecer de un guion estructurado, y entonces tenian que buscar la realidad natural de las cosas, mientras que al mismo tiempo tenian que buscar la estetica y la belleza de la narrativa de las imagenes.

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El término cinéma-vérité se aplicó a diferentes cineastas tal como: Jean-Luc Godard y Jean Rouch. Crónica de un verano es una de las creaciones mas importantes de este movimiento. 

El cinema'vérité tambien tuvo influencias en el periodismo dado al fotoperiodismo y al reportaje televisivo.

Al paso del tiempo el cine ha incorporado este estilo narrativo a producciones de gran presupuesto para obtener un estilo el cual pueda alcanzar un mayor grado de realismo, por directores como: Woody Allen, Stanley Kubric, Steven Spielberg, etc.

 

El documantal de "Cronica de un Verano" tiene un estilo de cine-verdad completamente, ya que la camara juega a estar super presente, interactuando con los protagonistas y al mismo tiempo retandolos y provocandolos para que ellos saquen su veradero ser interior y no solo expongan su actuacion. El documental trata todo tipo de tomas, desde temas realistas hasta platicas de conversaciones estupidas de la vida cotidiana. Rouch nos muestra como completamente puede llegar a tener el control de lo que esta pasando ya que puede hacer a los portagonistas enloquecer y explotar, mientras que por otro lado los puede intimidar de una manera impresionante hasta que saquen lo que esta pasando por su mente en esos mometos.  Sin embargo es muy interesante que este documental no tiene un guión escrito el cual pauta lo que tiene que suceder y tambien es intersante de que el sonido va sincronizado a lo que estamos viendo.

Entrevista a Jean Rouch

P: Señor Rouch. Usted es muy conocido en Estados Unidos por "Crónica de un verano", pero ocurre que cuanto más sabemos sobre este film que inició el cine-verdad, más controvertible nos resulta. Por ejemplo, algunos de sus propios comentarios después de la proyección en el Museo de Historia Natural provocaron cuestionamientos sobre la fundamental “verdad” del film. Usted afirmó que las escenas de las secretarias fueron rodadas en las oficinas deCahiers du Cinema. También habló de los individuos del film, muchos de los cuales iban a convertirse en realizadores cinematográficos y otros, como Regis Debray, serían prominentes personalidades del marxismo. Más que muestra de la tribu parisina de fines de los años 50, parece el retrato de una vanguardia artística y política. AI mismo tiempo, hay muy poca referencia en el film al hecho de que esta gente es excepcional. Un punto secundario es que ellos nunca usan palabras como socialisrno o comunismo. ¿Podría explicar cómo el film evolucionó desde la idea original hasta esta realidad?

JR: Al principio, cuando empezamos a pensar en este film, le dije a mi colaborador, Edgar Morin, que yo realmente no conocía muchos trabajadores industriales. Edgar dijo que solucionaría eso. Yo sólo me enteré más tarde que la gente que él eligió pertenecía toda al grupo político “Socialismo o barbarie”, así como también el mismo Morin. Esto se convirtió en algo muy conflictivo para el desarrollo del film, y que no tuve claro desde el comienzo. Creo que usted está equivocado cuando dice que ellos no mencionan al comunismo. En un momento un obrero se siente infeliz porque no hace nada y solamente maneja papeles. Morin le dice: “¿Recuerdas cuando éramos militantes del mismo partido? Entonces hicimos algo. Ahora ¿dónde estamos?” Esta es una referencia a que ambos han estado en el Partido Comunista. Morin y los otros abandonaron el partido en desacuerdo cuando éste apoyó la represión de los húngaros.

P: Esto no me parece claro, pero después de todo usted está afirmando que no se trata de la "tribu parisina”.

JR: Está bien, es una tribu, pero una tribu especializada. (risas)

P: ¿Tal vez una sub-tribu?

JR: Si, eso me gusta. Afortunadamente fue una tribu calificada; a juzgar por sus actitudes. Se puede ver allí lo que iba a explotar en toda Francia en mayo del 68.

P: Hay aquí algunas implicaciones problemáticas para los documentalistas, y. en especial los que trabajan en el campo de la antropología. Cuando una persona va a un lugar desconocido y un guía le dice: “le llevaré a ver un grupo de obreros”; o “le mostraré un importante ritual”. ¿cómo sabemos lo que estamos viendo? En este caso usted estaba en su propio país, trabajando con un amigo, y en cierta forma le tomó el pelo. El le dijo: “He aquí algunos obreros”, y resultó tratarse de una tendencia política cuya virtud era la de no ser en absoluto típica.

JR: Tiene toda la razón. Tal vez deberíamos agregar algún subtitulo que identificara “al partido” como el Partido Comunista.

P: Pero hay más que eso.

JR: Quiero decir que estaba claro para la audiencia francesa. Este grupo no era en absoluto ilegal, pero tenía que tener precauciones. En aquel momento la guerra de Argelia era el principal problema político, y esta gente estaba ayudando a los revolucionarios. No se podía hablar de ciertas cuestiones, por su propia seguridad y la de los argelinos. La audiencia francesa de aquel momento no hubiera tenido ningún problema de comprender lo que representaban los que hablaban. Mostrando ahora y en otro país surgen problemas.

P: Vayamos a algunas de las técnicas que usted usa. Una de las secuencias más fuertes fue claramente preparada por usted como “director”; aunque los "actores" no supieran lo que iba a ocurrir. Estamos hablando de la escena donde le pide al estudiante africano que interprete el significado del tatuaje que Marceline tiene en su muñeca.

JR: Aquello fue una provocación. Cuando vi el film por primera vez me di cuenta que yo tenía una sonrisa muy cruel; que me incomoda aún hoy. Mire, estábamos almorzando ya fuera del Museo de Arte y empezamos a hablar del antisemitismo.
Cuando hice la pregunta, el aislamiento y los supuestos culturales emergieron dramáticamente. Antes de este momento la gente estaba jovial y riendo. De pronto los europeos empezaron a llorar y los africanos quedaron totalmente perplejos, pensaban que el tatuaje era un tipo de adorno. Todos quedamos profundamente afectados. El camarógrafo, que era uno de los mejores documentalistas estaba tan afectado que el final de la secuencia está fuera de foco. Paré la filmación para dar a todos la oportunidad de recobrarse. Ahora bien; si éste es un momento “verdadero” o un momento “armado”, ¿tiene alguna importancia?.

P: La larga secuencia en la que Marceline camina sola, hablándole a un grabador pegado a su cuerpo, es como una prolongación de la conciencia. Hay muchas cosas experimentales en su film, ¿de dónde salieron esas ideas?

JR: A Morin se le debe mucho reconocimiento. El propuso hacer un film que fuera el primer fresco sociológico, un film sin los convencionalismos de las estrellas o grandes actuaciones. El quería trabajar, en lo posible, con gente anónima. Yo le dije que era posible. Cuando usted empieza a hablar con una persona, incluso un delincuente, el hombre no es la delincuencia, es un delincuente. Usted no puede superar esta situación. Nosotros podemos oponemos al star-system y lo que eso implica, pero no podemos negar a los individuos su humanidad y carácter. Teníamos muchas discusiones sobre este punto. Cada día proyectábamos los campeones antes de hacer cualquier trabajo nuevo. Teníamos mucho intercambio entre nosotros y con el productor Dauman y la gente del film. Teníamos todas estas ideas con las cuales queríamos trabajar, que eran más de lo que podíamos asumir. Por ejemplo, teníamos una hermosa secuencia en la que trabajamos todo un día con el obrero Angelo. No pudimos filmar dentro de la fábrica porque sus ideas políticas eran bien conocidas, y tanto la empresa como el sindicato estaban en contra suyo. Los hombres que participaban debían conservar el anonimato. Filmamos solamente en la entrada. Luego seguimos a Angelo hasta su casa, situada en un barrio obrero. Después venían veinte minutos que lo mostraban tomando un baño. Esto hubiera sido un muy buen cortometraje en sí mismo, un estudio de veinticinco minutos sobre un hombre regresando a casa y tomando un baño caliente. Pero lo tuvimos que cortar. Algo más: cuando hacíamos el film no se nos autorizó a entrar en la fábrica con la cámara. Yo mismo encontré la oposición tanto por parte de la dirección de la fábrica como del sindicato.

P: En el Museo usted indicó que la realización de la película incluyó la realización simultánea de una cámara.

JR: Oh, sí; esto fue una de las mejores partes de la experiencia del film. Ubiquémonos en los años 50, cuando las cámaras eran pesadas y estáticas. Yo había ido a un encuentro de cine en California, donde había conocido a Michel Brault, quien mostró el film Les Rasquetteurs. Me pidió que pasara por Montreal; yo acepté la invitación y vi los primeros filmes hechos por los jóvenes cineastas de Quebec. Ellos estaban usando un nuevo tipo de lentes, el gran-angular; también estaban empezando a sacar la cámara del trípode y a “caminar con ella”. Me encantó. Las cámaras eran todavía ruidosas, pero si uno envolvía un abrigo alrededor de ellas algo de ruido se podía evitar. De vuelta a Francia, Morin me habló de la idea del film. Comencé con un muy buen camarógrafo, pero cuando le pedí que “caminara por las calles” el pobre hombre renunció; era demasiado para él. Entonces le dije a Dauman, el productor, que el único que podía hacer lo que necesitábamos era Michel Brault. ¡Qué ofensa para el cine francés! Teníamos que ir a Montreal a buscar a la persona que necesitábamos. Al mismo tiempo hablé con Raoul Coutard, quien era el padre de la cámaraEclair Cammeflese 35 mm, y me contó que había una nueva cámara que me podía interesar. Era un prototipo militar construido para ser usado en un satélite espacial. Era liviana, segura y firme. Desafortunadamente, tenía un chasis para tres minutos de película solamente. Le pedí que construyera un modelo con mayor capacidad, y él dijo que trataría. Es así como empezamos a filmar con una cámara que no existía. Teníamos un contrato con el fabricante, por el cual ellos no se hacían responsables de los problemas que la cámara pudiera ocasionar a la película, pero Coutard aceptó repararla el mismo todas las noches. Después de cada filmación, Edgar y yo se la llevábamos y le decíamos que problemas habíamos encontrado, y qué nuevas propuestas teníamos. La creación de la cámara precedió al film. Me puse muy contento con el resultado. Estaba doblemente feliz, por trabajar con gente tan seria y por ver cómo la cámara nacía. Pero habla un problema con ellos, y especialmente de Morin, quien no se daba cuenta del placer que uno puede llegar a tener en la vida por cosas como éstas.

P: Una cosa que aparece clara viendo sus filmes en tres tardes consecutivas es que "Crónica" tiene un aspecto totalmente distinto a sus otras películas. Generalmente en las filmadas en África hay tomas de larga distancia que muestran a la gente realizando rituales religiosos u otros ritos que tienen que ver con valores no-racionales. En “Crónica...” los personajes generalmente hablan, y 1o hacen de complejas ideas filosóficas y sicológicas; !a acción es interior y hay muchos primeros planos.

JR: Parte de la explicación tiene que ver con la cámara. Cuando empezamos el film la cámara estaba todavía en su trípode. Pero el efecto me pareció demasiado estático, y empecé a moverla cuando la gente hablaba. La forma en que ellos miraban y lo que hacían con las manos me parecía importante; por eso hice primeros planos. Después salimos y caminamos por las calles. Al final no hay primeros planos. Aún cuando filmamos a los participantes mirando lo que hasta ese momento habíamos completado de la película no hubo primeros planos de Marilou, de Marceline y de ninguno de ellos. Yo acepto su cuestionamiento. Recuerde que yo no conocía a esa gente personalmente y ellos comenzaron a hablarme de problemas muy íntimos. Yo estaba un poco turbado. La primera secuencia de Marilou fue filmada la primera vez que la vi. En la segunda estábamos solos en el departamento de Marceline, después de almorzar. Ella hablaba con mucho nerviosismo, yo reaccioné tomando esos grandes primeros planos, para tratar de penetrar en su interior. Estaba muy conflictuado por esa experiencia. Usted tiene razón, yo nunca hice planos tan cercanos como ésos en otros filmes; incluso en los filmados en Francia.

P: Es notable cómo sus filmes sobre Francis enfatizan la forma en que los europeos piensan, mientras sus filmes sobre África enfatizan cómo los africanos se comportan.

JR: Este es un punto interesante, y debo decir que es la primera vez que me lo preguntan. Normalmente, no hubiera visto tantas películas una detrás de la otra. Como dije, otros filmes que hice en Francia no tienen tantos primeros planos. Otra cosa; al comienzo nosotros filmábamos gente a cien metros, y ellos no sabían que los estábamos filmando. Pensaban que éramos un grupo de gente con una cámara. Eso me molestaba muchísimo. Queríamos hacer algo que fuese espontáneo, pero resultó una cámara ingenua, usada a hurtadillas. Nuestra precaución viene del hecho de que Angelo y sus .amigos tenían tantos enemigos que debíamos protegerlos.

P: Pero esto no explica por qué en los filmes africanos nadie le hable directamente. ¿Cómo se explica esto, dada la fuerte tradición oral de esa cultura? Lo que vemos en sus filmes es una especie de homenaje a lo primitivo, al pasado, a lo exótico. ¿No hay una sociedad africana moderna con elementos tan creativos como el grupo que se llamó a sí mismo Socialismo o Barbarie ?

JR: Usted hace buenas preguntas. Las explicaciones vienen en varios niveles. Una respuesta inmediata que tengo es que yo había decidido no hacer filmes políticos sobre el África de la post-independencia. Después de todo, no se trataba de mi país. Yo creo que es imperialista proyectar los propios valores políticos sobre África. Este tipo de filmes deben ser hechos por africanos. Estuve tentado de romper esa regla; yo tenía una muy buena relación con Kwame Nkrumah y comencé a hacer un filme sobre él. En “Jaguar” puede ver parte del golpe de Estado que lo derrocó. Después de aquel golpe todo lo que tenía que ver con Nkrumah fue destruido. Yo tenía la idea de hacer la película sobre él en el exilio, pero después de tres meses vi que eso era inconveniente. Hubiera sido imposible mostrar aquel film en el país donde más convenía. ¿Quién era yo para hacer esa película? Hubiera sido una vergüenza para él y los suyos.

P: ¿Qué puede decirnos sobre la banda de locución y diálogos en sus primeros filmes, de la época de la pre-independencia?

JR: En ese momento no era técnicamente posible hacerlo. Cuando hicimos "Crónica de un verano", la primera independencia había ocurrido en Ghana hacía tres años. Yo entiendo adonde usted quiere llegar, pero hay problemas muy terribles involucrados. Si yo tuviera que hacer actualmente una película sobre los regímenes políticos de África sería un espectáculo de desastres uno detrás del otro. Es embarazoso para los europeos hacer filmes como ésos. No creo que sea cobardía, aunque algunos me han dicho que no soy valiente. No sé, yo me estoy censurando todo el tiempo. En “Monsieur Poulet” teníamos una secuencia en la que la policía negociaba su soborno de dos a tres gallinas. Cuando vimos los campeones decidimos sacarla, a pesar que era una representación honesta y exacta. Como arreglárselas con semejante corrupción es un dilema para la gente que filma en África, incluso para los cineastas africanos.

P: Tomemos el mismo punto desde una perspectiva diferente. ¿Cuál es su concepción de la locución, aún en sus filmes estrictamente antropológicos? Sus comentarios sobre el entierro Dogon y “Los maestros locos” fueron un gran aporte para hacernos comprender los propósitos y objetivos de esas películas. Cuando las vimos por primera vez sin la narración fuimos golpeados por muchas de las imágenes. Estábamos como aquellos africanos que no podían entender la torturada historia que simbolizaba el tatuaje en la muñeca de Marceline.

JR: ¡Pero la alternativa es tan aburrida! Decir: en la aldea de bla, bla, bla... ocurrió. Mi ideal sería un film que todos comprendieran sin narración alguna. El lenguaje es un gran problema. No siempre se puede traducir exactamente lo que otro diciendo en otra lengua. Cuando las películas se muestran; personas que intervienen en ellas, la narración los enfurece obstante, yo simpatizo con su pregunta, es como si los filmes no estuvieran todavía completos, y fuera necesario hacer con ellos. Tengo un nuevo film sobre tamboriles donde uso un nuevo estilo de narración. Doy una respuesta subjetiva de lo que estoy filmando.


P: Aún no está claro si usted piensa que la narración es buena o mala.

JR: Mi sueño es mostrar en un film lo que puede ser entendido directamente sin la ayuda de la narración. Explicar todo pero mediante recursos cinematográficos. Pero estoy confundido; si la gente habla hay que traducir. Tengo una película en la hice una muy precisa traducción de lo que hablan en una banda sonora, y la intercalé inmediatamente después, tratando de hablar en la traducción en el mismo tono en que ellos. Esto es lo más cercano a la traducción simultánea que se puede esperar. El sistema stéreo sería una solución mejor: una banda tendría el lenguaje original y la otra la traducción.

P: Una de sus soluciones parciales nos ha creado problemas. En “Los maestros locos”, hacia el final, usted comenta que el ritual ayuda a la gente a ser buenos trabajadores y soporta colonialismo con dignidad, que produce algún tipo de acomodación psicológica. Claramente, uno de sus objetivos fue hacer comprender esto a la gente que podía espantarse viendo beber sangre de perro. Usted deseaba mostrar los beneficios psíquicos de los individuos que participaban. Nosotros pensamos, en cambio, que la gente no debe acomodarse psicológicamente para soportar el colonialismo. ¿No es mejor que la rabia explote en el trabajo antes que descargarla en un inofensivo rito religioso? ¿No sería mejor si ellos fueran “malos trabajadores”, que "accidentalmente" rompieran sus herramientas y fueran haraganes ?

JR: De acuerdo. Ya no gusta más ese final. Quería explicar que el ritual era un método que les permitía funcionar en la sociedad normal con menos conflicto. Quería aclarar que no eran locos. Un punto importante que perdimos era que la terapia para los africanos no es una consulta privada como la del sicoanálisis y la mayoría de las terapias occidentales. La terapia que filmamos era un rito público, hecho a la luz del sol. Este es uno de los puntos más importantes que los occidentales deben aprender. Pero yo no me siento bien ahora con el comentario. La película ha existido como está por más de veinte años.

P: Nosotros hemos llegado a la conclusión que su trabajo es mucho más excitante como cine que como antropología. En cada film hay algún nuevo experimento. La mayor parte del tiempo, como en "La caza del león”, hay una estructura dramática impuesta. La acción se dirige hacia un climax tradicional. Esto es efectivo como cine, pero ¿describe a la tribu de una manera exacta? ¿No se pierde demasiada información en función del valor dramático ?

JR: Este es un punto en el que desacuerdo totalmente con usted. La buena antropología no es una amplia descripción de todo, sino una descripción intensiva de una técnica o ritual. Los rituales se supone que son dramáticos. Son creaciones que la gente quiere que sean interesantes y dramáticas. En La caza del león, veinte minutos fueron desechados. Esas secuencias mostraban la posición de la trampa, por qué ellos usan trampas, por qué cazan. Pero todo eso se puede explicar en un libro. Lo que no se puede expresar escribiendo es el drama del ritual, no se puede conseguir ese efecto escribiendo. Este es el punto central de la antropología visual.

P: ¿Qué puede decirnos de las distorsiones? Sus filmes, por ejemplo, excluyen el papel que cumplen las mujeres.

JR: Si usted quisiera hacer películas sobre las mujeres africanas, tendría que ser mujer. Un hombre no puede entrar en la sociedad de las mujeres. Es totalmente imposible, está prohibido. A los hombres no les está permitido tener relaciones con sus esposas cuando está por comenzar una cacería. Yo formo parte de la sociedad masculina, y es eso lo que filmo. Hay muchas cosas que tienen que ver con la mujer que nunca puede mostrar.

P: Si usted pudo entrar en Los Maestros Locos y mostrar lo referente a los oficiales coloniales, ¿por qué no pudo usar recursos similares para hablar de la mujer?

JR: Esto es más fácil decirlo que hacerlo. Cuando muestro que las mujeres perversas dejan correr el agua del pozo ¿qué intervención visual podría hacer? O cuando decimos que el veneno de la hembra es más poderoso que el del macho, una mayor explicación podría confundir las cosas, ya que no es el tema central del film. Tiene que entender que hay maravillosas ceremonias femeninas que los hombres no pueden ver. Obviamente ellas no van a permitir a ninguna mujer filmarlas si los hombres van a ver la película más tarde. Yo conocí una anciana que me contó algunas cosas, pero ella gozaba de ciertos privilegios debido a su avanzada edad. Tengo muchos problemas con mis estudiantes por estos motivos. Tengo que explicarles a las mujeres que durante sus menstruaciones no les está permitido entrar a determinados lugares. Incluso tienen que permanecer fuera de ciertas villas. ¡Qué dilemas para una mujer europea que desea trabajar en África!

P: Ya que hemos hablado de las formas diferentes en que la gente interpreta las mismas imágenes, puede ser un buen momento para hablar sobre la influencia que su trabajo ha tenido sobre otros. Mucha gente en los Estados Unidos no sabe del impacto que Los Maestros Locos produjo a Jean Genet cuando la vio.

JR: Si, Los Negros, de Genet, es una obra directamente influenciada por Los Maestros Locos. Allí la idea central es que los negros representen a los amos como en el ritual. La posesión, después de todo, está en el teatro desde sus orígenes: es la idea de catarsis. Genet se centró en la idea de la parodia y el cambio de identidad, orientando los materiales hacia sus propios fines.

P: ¿Qué tienen los africanos en mente durante el ritual?

JR: Ellos insisten en que no están embarcados en la parodia ni tienen intención de venganza. Yo creo que es cierto, al menos en el nivel consciente. La historia del culto es muy compleja. Comienza con los africanos que iban a la Meca. El rito entero, la espuma en la boca, el sacrificio del perro, y todo el griterío es considerado como la acción de los espíritus que los han poseído. Estos son poderosos dioses nuevos que ciertamente no deben ser burlados. Cuando el culto comenzó, los sacerdote islámicos los consideraban herejes y los perseguían. La administración francesa se adhirió a ellos, ya que no quería un resurgimiento de creencias animistas que pudieran influir en lo político. Por lo tanto fue un culto prohibido desde el comienzo. Muchos de los cultores originales, miembros de los Hauca, se convirtieron en trabajadores migratorios y tuvieron que irse lejos de su terruño. En todos lados fueron prohibidos, y cuando más se los perseguía, más se difundía el culto. Primero se comprometieron a celebrarlo una sola vez a la semana, los domingos, en un lugar específico. Más tarde el culto declinó, y el se hizo solamente una o dos veces al año. El movimiento de los Hauka rompió tabúes, tanto comiéndose un perro como representando modelos colonialistas. Era como la actitud de Buñuel ante la Iglesia. Usted no puede sentirse sacrílego si no respeta a sus opositores. Lo que los Hauka hicieron era muy creativo e implícitamente revolucionario, justo lo que has autoridades tenían.
Yo me encontré con Genet sólo dos veces, pero conocí a los actores de la obra y discutimos la película muchísimo. Genet era un ex-convicto, y por lo tanto conocía sobre los sistemas dentro de otros sistemas, y cómo resistir en ellos. Creo que el film le enseñó un camino para resolver algunos de sus sentimientos contradictorios. Lo que se ve en la película es una de las últimas épocas del culto. Después vino la independencia y no hubo más poder y modelos coloniales. Pero hay algo extraordinario en el ritual que crearon. Toda clase de poderes los han atacado a ellos, y también a mí por filmarlos: los colonialistas, a quienes no les gustó verse retratados; los revolucionarios africanos, a quienes no les gustó el primitivismo; los que rechazaban el sacrificio del perro, etcétera.

P: Peter Brook fue otro que tuvo una profunda reacción ante la película.

JR: Si; pero su respuesta fue totalmente distinta a la de Genet. El la vio cuando estaba representando Marat/Sade, y pidió a todos sus actores que la vieran, para buscar en ella sus interpretaciones. Más tarde charlamos a menudo sobre esto, y el vino conmigo al África. Quería crear un nuevo teatro sin ninguna palabra que fuera reconocible. Estaba fascinado con los Hauka, que habrían creado un lenguaje artificial, parte pidgininglish, parte petitnegre y parte quién sabe qué. Pero la gente lo entendía. Yo tenía una hipótesis de que antes de que terminara el siglo pasado, un movimiento de los negros de Estados Unidos había recurrido a este tipo de lenguaje. Pero Peter Brook no estaba haciendo política, a él le interesaba el teatro, y su obra trataba de un período revolucionario en el cual el poder pertenecía a su personaje.
Quería que los actores actuaran como si estuvieran poseídos, aunque no lo estuvieran. Un amigo mío dijo que si uno está conmovido cuando actúa está perdido. Uno tiene que actuar para conmoverse, pero no estar conmovido cuando está actuando. Uno tiene que creer en los roles que está representando. Con los Hauka no hay representación. Ellos creen que son los espíritus durante la posesión. Yo le dije a Brook que si sus actores lograban despojarse de su identidad podían ser poseídos. Pero entonces, ¿qué haría? El no era ni médico ni sacerdote; yo creo que estaba jugando con fuego. Algo más que hay que decir sobre los Hauka es que no están ya en Ghana. Fueron expulsados cuando no se los necesitó más como trabajadores. Regresaron a Níger y tomaron un rol muy específico en cada aldea. Como no hay más poder colonial, no tienen modelos y están retornando a su cultura tradicional y al Islamismo. No obstante, ellos y el filme tuvieron un tremendo impacto. La fuerte reacción que produjo esta película fue una de las fuentes de mi idea de llevar antropólogos africanos a Francia para filmar nuestras tribus y nuestros rituales.

P: Usted ayudó a algunos africanos a empezar a filmar; ¿nos podría decir algo sobre eso?

JR: Bueno, está Oumarou Ganda, la figura principal del Yo, un negro. El creó una narración para el filme, que se desarrolla en tres niveles. El primero es una descripción de lo que se ve. El segundo, una especie de diálogo, y el tercero se refiere a su propia condición. El empezó a hacer filmes por su cuenta. Otra persona con la que trabajé es Mustapha Alassanne, quien es una suerte de renacentista.

P: Nosotros dijimos antes que sus películas plantean cuestiones muy interesantes desde el punto de vista del lenguaje cinematográfico, pero no estamos tan seguros de sus virtudes como antropología. Estamos pensando en términos de lo que un filme antropológico puede o no ser. ¿Recoge información original o la interpreta? Hacer un filme siempre implica un proceso selectivo y una intervención consciente en puntos específicos. Esto puede entrar en conflictos con la intención de presentar los hechos antropológicos.

JR: Mucha gente se resiste a reconocer que cualquier antropología destruye lo que investiga. Incluso si está haciendo una observación distante del amamantamiento, usted perturba a la madre y al bebé aunque no lo piense así. El problema fundamental en toda ciencia social es que los hechos están siempre distorsionados por la presencia del que pregunta. Se distorsiona una pregunta con el sólo hecho de preguntar.

P: Si la sola presencia del observador produce tanta distorsión, la presencia de la cámara debe aumentarla.

JR: ¡Absolutamente! Pero yo creo que esta nueva distorsión es positiva. Hagamos una comparación entre la antropología clásica y la antropología visual. En la primera usted toma un profesional de una prestigiosa universidad y lo envía a un lugar remoto, donde la gente no usa el lenguaje escrito. Por el solo hecho de tratarse de una investigación, los pobladores se sienten incómodos y su rutina se trastorna. Cuando el informe está completo, los antropólogos vuelven a su Universidad, escriben sus informes y posiblemente obtienen distinciones. ¿Cuál es el resultado para aquellos que fueron investigados? Ninguno; la irrupción del antropólogo no les arroja beneficios. La gente no lee el informe. Con una cámara se puede obtener un resultado mis fructífero. La película puede mostrarse a la gente, que puede así discutirla y tener acceso a lo que les ha sucedido. Por malo que el filme sea les permitirá reflexionar sobre sí, y les dará una oportunidad de verse desde cierta distancia. Tal distorsión cambia todo. En el primer ejemplo dado, sólo puede haber alguna recompensa para el investigador y para la ciencia en abstracto. En el segundo, se puede obtener todo aquello y también beneficios para la gente. Hay otro problema relacionado con todo esto, que sus lectores podrán apreciar. Seis o siete años atrás presencié una conferencia en Montreal organizada por la Sección Africana de la Asociación Antropológica Americana. El encuentro fue interrumpido por gente que pertenecía al partido Black Panther. Ellos decían que éramos nuevos traficantes de esclavos. Que haciendo un informe de cualquier tribu y convirtiéndonos en expertos los antropólogos podíamos ganar prominencia, puestos en la enseñanza y contratos lucrativos para toda la vida, mientras que el trabajo de campo no lleva más que algunos años. Un negro americano respondió que estaba en otra categoría, porque estaba haciendo un estudio sobre trabajadores. La respuesta fue que su trabajo podía ser todavía más peligroso, ya que podía ser de mucho valor para los empresarios y el gobierno que necesitaban datos para explotar más y controlar a los obreros. Yo creo que estos argumentos eran ciertos en un sentido. Pero la solución no es tan simple como ellos quisieran. ¿Tenemos que parar toda investigación porque no podemos controlar el uso de nuestros descubrimientos?
Hay además otra forma de explotación. Hace unos diez años un musicólogo grabó una hermosa canción de los Watusi, que fue publicada en una pequeña colección de grabaciones científicas de tiraje limitado. Los Rolling Stones la escucharon. Les gustó mucho, la grabaron, e hicieron un montón de dinero. Naturalmente, los Watusi nunca recibieron un centavo. Fueron ciertamente explotados. El musicólogo hizo la primera grabación con buenas intenciones, y los Stones obviamente respetaron la música, pero el despojo ocurrió. Cuando Ud. graba una tradición oral no hay derechos de autor, y a menudo tampoco autor. Esto vale también para los cuentos. Cuando usted está haciendo un filme antropológico, el problema es igualmente serio. La gente le permite a uno filmarlos, pero una vez que está hecha la película va a Occidente y pierden el control sobre las imágenes de sus vidas. A menudo los que hacen el filme obtienen gratificaciones o status profesional. ¿Debe pagársele a la gente? ¿O este es otro tipo de afrenta?

P: Una vez más usted toma el problema como un artista y le preocupa quién es el dueño de la creación.

JR: Sí. Este problema me ha preocupado mucho tiempo. En Yo un negro insistí en que el 60%de las ganancias fuera para los actores, ya que ellos habían escrito el guión y hecho todo en la película. Pero aún si el contrato es observado estrictamente estaremos creando la idea de que la cultura es algo para comprar y vender, una idea que los africanos nunca tuvieron. Esta es una distorsión enorme que se incrementa cada vez más. Nadie parece preocuparse de esto. Considere esta posibilidad: Hoy filmamos en una zona “atrasada”. Dentro de diez años los habitantes de ese lugar podrían verlo por televisión, tal vez vía satélite. Muy probablemente, seguirán siendo pobres. ¿Cuáles habrán sido los beneficios para su cultura? Y ahora los gobiernos nacionales de África crean otra distorsión. Ellos dicen que si algo se hace dentro de sus fronteras es parte de la cultura nacional. Esto es realmente absurdo, porque una tribu puede ser cortada en tres partes y sus miembros convertirse en ciudadanos de tres países distintos. La gente mostrada en La caza del león fue dividida entre los estados de Alto Volta, Malí y Níger. Los estudiantes de cada Universidad nacional consideran a las culturas de las tribus en sus países particulares como parte de su “cultura nacional”. Creo que los antropólogos formados en esas universidades pueden provocar más destrucción que los europeos. Una solución que propongo para esto es formar a la gente con la que se trabaja para ser realizadores de cine. No creo que sea una respuesta completa, pero tiene un mérito que es el de dejarle a la gente algo, en lugar de limitarse a tomar cosas de ellos. Esto significa que habría que formar a los antropólogos no sólo como cineastas, sino también como maestros de cine. Por supuesto, no se pueden esperar milagros. Una vez un estudiante africano me preguntó si se podía hacer mucho dinero filmando. Le respondí que si le enseñaba a alguien a usar el lápiz eso no significaba que iba a convertirse en Víctor Hugo, sino sólo que iba a poder escribir.

P: Este tema de los derechos ha surgido a menudo en discusiones sobre el “cine-verdad” hecho en Estados Unidos. Por ejemplo Fred Wiseman hace una película sobre los beneficiarios de los programas de asistencia y se convierte en un éxito televisivo. ¿Qué pasa con la gente desesperada que é1 ha filmado? Permanecen como antes, habiendo ayudado al éxito de la carrera de otro profesional.

JR: Este es el problema. Déjeme volver a Crónica de un Verano. Yo le llevé ese problema a Dauman. El lo resolvió como un hombre de negocios y no estuvo mal. Marceline, por ejemplo, fue pagada durante seis meses, y así fue como consiguió su primer trabajo en una película. Su historia tiene un final muy feliz: siguió en el cine; se casó con Joris Ivens e hizo películas en Cuba y Vietnam. Angelo no pudo conseguir trabajo debido al filme, y Dauman lo ayudó a comprarse un negocio, porque se sentía responsable. Hicimos cosas como ésas. El próximo año será el 18º aniversario del filme, y la mayor parte de la gente que estuvo en él ha prosperado por su participación.

P: Puede decirnos algo sobre el filme que tuvo su premiére en Estados Unidos en las proyecciones del Museo:Cocorico, señor Poilero.

JR: El tema de esta película son los “marginados” de África. Yo llegué a la conclusión de que los cambios en la sociedad se deben a aquellas pocas personas que están en el margen. Ellos ven bien el absurdo de la economía del sistema. Los considero como una especie de “vanguardia” popular, que tiene que encontrar alguna manera de sobrevivir sin ser atrapados por el sistema. Son marginales. El filme trata sobre tres hombres que salen con su auto al campo a comprar gallinas para revenderlas en una gran ciudad. Los tres personajes me ayudaron a escribir y filmar la historia. El auto que se ve pertenecía a Lam, el personaje principal. El andaba en un radio de 50 millas buscando gallinas y pescado. El auto no tenía licencia, ni frenos, ni luces. Pensé que iba a ser interesante mostrar la rutina de esta economía marginal.

P: En el film, !as gallinas que compra son de un área contaminada. ¿Usted apoya este tipo de marginalidad ?

JR: No había contaminación. Aquel problema ocurrió dos años antes de la epidemia. Hubo una zona prohibida durante un mes. El cartel que aparece en la película fue hecho por nosotros. Lo pusimos al final como una broma.

P: Eso creó un problema para aquellos que, como nosotros, desconocían la situación. Lo que vimos parecía reforzar los prejuicios básicos contra los africanos. El rostro malvado de la mujer que hechiza. La policía es inepta. Los comerciantes tienen un auto peligroso unido con saliva y goma. La gente vende gallinas contaminadas. Su idea de mostrar los "hippies" de África no funcionó.

JR: Tal vez esto es su propio prejuicio Occidental.

P: Puede ser cierto, pero “Cocorico” es presentado como un filme de ficción, no antropológico. Todos sabemos que África está en transición, y esta película muestra que nada positivo está ocurriendo, concreta o inconcientemente.

JR: Desde mi punto de vista es totalmente positiva. Los africanos tienen una historia propia y su modo de ser. Pero llegan expertos nacionales y extranjeros diciendo que su vida familiar no es buena y que no hacen su trabajo competentemente. Sam y los otros han visto mucha gente como ésa ir y venir. Saben que la mayoría de tales expertos nunca preguntan a los campesinos por qué usan determinada técnica. Yo no puedo ver cómo se pueden hacer cambios antes de conocer los hábitos de la gente. Si usted quiere cambiar los métodos de cultivo africanos tiene que tomar un compromiso de por lo menos veinte años. ¿Cuántos ingenieros, especialistas o expertos están preparados para pasar tanto tiempo en una sola nación africana? No muchos. La mayoría prefiere hacer un informe y volver a casa. Cocorico muestra algunos de los esquemas y estrategias usados por el común de los africanos. Creo que la relación que ellos tienen con sus máquinas es mucho más positiva que las de Europa. Sam es un muy buen mecánico, sabe todo sobre su auto, ya que hace todo por sí mismo. Para él no era problema desarmarlo para cruzar el Níger. Tuvo que tener un poco de cuidado para evitar que el agua entrara en el aceite y el cilindro, pero sabía qué hacer. Podía desarmarlo y volverlo a armar simplemente con las herramientas que mostramos. Yo podría haber hecho un filme sobre un africano que repara transistores, que carece de un aprendizaje formal pero tiene un sistema con un pequeño parlante como el de los grabadores. Está conectado a una batería y sabe cuándo hay un defecto en el circuito. Es una aproximación espontánea a la electrónica. Usted no tiene que conocer los principios de la física pare arreglárselas con el motor de un auto o reparar un transistor.

P: En la película pareció que los africanos trataban a su auto como algunos personajes cómicos de los filmes de Hollywood y de la TV americana.

JR: Desconozco cuál es la relación entre auto y hombre en Estados Unidos, pero en Francia, si un auto se descompone o si tiene una goma pinchada es una catástrofe. En África, en cambio, es una alegría, porque usted se queda allí. Alguien dirá: “Bueno, estamos detenidos. Ahora podemos quedarnos unos días y conocer a gente que nunca hemos visto antes y que nunca más veremos”. En los años 40 nosotros hacíamos andar los autos con una especie de gas de carbón, porque no había petróleo. Estábamos detenidos todo el tiempo. Al principio me ponía furioso, pero luego aprendí el camino africano y ahora esas cosas no me importan. Tampoco uso reloj. Esta es la perspectiva que he tratado de captar en la película.

P: ¿Cuál ha sido la recepción que tuvo en Francia?

JR: Cuando el film se pasó en París yo estaba en África. Por lo tanto no hubo conferencia de prensa ni publicidad de ningún tipo. Salió en tres teatros y en dos meses se habían vendido 50 mil entradas. Las únicas copias eran en 16 mm, malas y sin subtítulos. Una de ellas fue usada aquí. El distribuidor se volvió ambicioso y quiso ampliarlo a 35 mm. Se hicieron cinco copias. Desafortunadamente, quebró y no pagó al laboratorio. Las copias quedaron bloqueadas y estoy tratando de hacer un arreglo con dicho laboratorio. También estamos trabajando para conseguir la distribución comercial en África.

P: Antes habló acerca de la construcción de una cámara mientras hacían “Crónica”. Suena como lo de Sam con su auto. A través de los años su equipamiento ha cambiado mucho, ¿no?

JR: Comencé haciendo películas en 16 mm. porque nunca tenía dinero para el 35 mm. Esto era en el 46, cuando el 16 mm era estrictamente amateur. Más tarde conseguí una vieja cámara de noticieros de la Armada Americana, con excelentes lentes. Filmé todos mis primeros filmes con esta cámara. No había mesa de montaje ni empalmadora en esa época. Usted tenía que cortar y pegar los pedazos de película con sus dedos. Como no había visionadora, proyectaba la película con un proyector y cortaba. No había sonido, excepto en 35 mm. Cuando completé mi segundo filme, le pedí a algunos trabajadores africanos que estaban en París que hicieran música al mirar la proyección. Fue una idea simple, pero me dio música genuina africana como acompañamiento, y esto era mejor que nada. Con el tercer filme usé el primer grabador Nagra; se suponía que era portátil, pero pesaba más de 50 libras. La película no tiene sonido sincrónico, pero pudimos grabar la música. Luego tenia que transferir el sonido de la cinta al tipo de disco de grabación usado en aquella época en las emisoras de radio. Algunas veces improvisé comentarios y los mezclé en la banda sonora. Afortunadamente, la televisión usó equipos de 16 mm y con el boom que significó tuvimos mejores implementos: la primera empalmadora buena, la primera visionadora, el primer mezclador de sonidos. Aún queríamos un verdadero sonido sincrónico que fuera portátil. Teníamos un equipamiento que pesaba toneladas, y requería una cuadrilla de cinco para cargarlo. Probamos todo tipo de trucos para resolver el problema. En La Pirámide Humanausamos una técnica que hoy suena graciosa. La cámara estaba puesta en un trípode con un blimp y toda la gente estaba parada en torno a la misma y a igual distancia, de tal manera que pudiera ir de uno a otro sin problema de foco. Se podía tener entonces a la gente hablando hacia la cámara. Usamos esa técnica más de una vez, pero era limitada. Estoy hablando de los años 50. Cuando estábamos montando ese filme decidimos hacer Crónica de un Verano.

P: ¿Y fue entonces cuando construyeron la Eclair?

JR: Sí, me encanta acordarme de eso. Hacia el final de la película Michel regresó a Montreal con una nueva técnica, y nosotros ya teníamos una cámara nueva. Todos aprendimos mucho de esa experiencia. Yo aprendí a “pasear” la cámara, a usar el gran angular. Después de aquel filme el cine francés no fue la misma cosa. Todos querían caminar con la cámara, aunque la tuvieran sobre un trípode y se desplazara sobre rieles. Los obligamos a pensar en lo que era la “verdad” en el cine. Después Coutard hizo nuevas mejoras, y tuvimos la Eclair chica. Desafortunadamente, los principales ingenieros dejaron Paris y volvieron a Grenoble. Iniciaron su propia compañía y construyeron nuevas cámaras. Coutard es aún joven y está lleno de nuevas ideas todo el tiempo, ideas locas y maravillosas. Trabaja con Godard. Todos nosotros sentimos que no hay secretos. Cada uno es capaz de aprender lo que hay que aprender. Si usted tiene que usar una cámara debe aprender a repararla. La idea con las nuevas cámaras es haber pasado por lo menos un día en la fábrica. Usted la arma solo o la desarma tres o cuatro veces, hasta que la conoce perfectamente. Usted conoce ya lo que va a filmar. Sabe cómo ajustar la cámara, sabe que es una máquina y no tiene magia adentro. Si algo falla, puede cambiarlo como cambia una goma pinchada. Hay todavía muchas películas por hacerse y muchas mejoras en las cámaras. Coutard tiene en su mente un plan de tres años, con una creación tecnológica para cada año. A él le gustaría ver una cámara con foco que se pudiera conectar con el foco de los lentes, y una zona con sus correspondientes focos sonoros. Lo que es importante en el trabajo que he hecho es grabar rituales y modos de vida que están desapareciendo rápidamente. Con los nuevos equipos vamos a poder hacer muchos filmes mejores, y la gente de esas películas va a poder hacerlos también. Espero que esto suceda.

link: http://www.antropologiavisual.cl/entrevista_rouch.htm

domingo, 29 de noviembre de 2009

Urgencias de Raymond Depardon


El documental de Urgencias de Raymond Depardon es un documental súper fuerte, intenso, deprimente y frustrante ya que muestra un lado obscuro y no común de lo que estamos acostumbrados a ver de un hospital; En primera es súper importante saber que un gran por ciento de las personas que llegan a urgencias de hospitales no siempre son por que tuvieron un accidente, muchas veces es por que su mentalidad los llevo a hacer locuras y se hirieron de alguna o otra forma; Lo cual es un gran problema para un medico en general, ya que los doctores son especialistas en todo lo que tiene que ver con el cuerpo, aunque ellos no saben sobre problemas mentales; Por eso existen muchas diferentes ramas entre la profesión de doctores aunque hay muchísimas especialidades de doctores, ya saben médicos generales, cirujanos plásticos, homeópatas, pediatras, ginecólogos, muchísimos diferentes tipos de doctores, aunque todos ellos saben perfecto como es el funcionamiento de el cuerpo interno y externo; Sin embargo hay otro tipo de doctores que son los psicólogos quienes se ocupan del entendimiento de la forma de actuar de los seres humanos, los psicólogos también tienen diferentes especialidades como los psicólogos solo se dedican a ayudar y a tratar a los pacientes, mientras que los psicoanalistas aparte de ayudar y trata a los pacientes, pueden recetar medicamentos. 
El documental de Urgencias trata el tema desde el punto de vista de los doctores y de los pacientes al mismo tiempo, con una cámara la cual se hace notar de que esta presente ya que interactua todo el tiempo y no esconde nada ya que esta presente; También nos muestra como es que los doctores(psiquiatras) atienden millones de casos súper fuertes aunque parece que no les dan importancia ya que cada caso que llega va empeorando constantemente (mis dos hermanas son doctoras una es cirujana plástica y la otra es psicoanalista y un día que estábamos platicando me contaron que para poder ser doctoras tienen que tener un corazón súper fuerte y crudo para que nada de lo que les pase a los pacientes les afecte de cualquier forma).

1. La fotografía es la caza, es el instinto de cazar sin el deseo de matar. Es la caza de los ángeles. Rastreas, apuntas, disparas y… ¡clic!, en vez de un muerto, obtienes un ser eterno. Chris Marker, Sans Soleil.

2. Si Godard necesitaba tan solo una chica y una pistola para hacer una película, a Depardon le basta con la chica. Y una cámara, que funciona como pistola. Aprieta, y empieza a rodar. Aprieta, y con un zoom preciso, afina el tiro.

3. Urgences (Francia, 1988) de Raymond Depardon, fotógrafo y viajero (y quién sabe si cazador) antes que cineasta. Y en el caso de Depardon, los orígenes como fotógrafo son importantes, si no esenciales para entender su trabajo. En especial, su trabajo con la cámara, el encuadre, y su singular relación con el movimiento, tanto dentro como fuera del plano. Importantes porque el trabajo de Depardon puede analizarse en función de los movimientos de su cámara: como si fuera un viaje desde la foto fija al descubrimiento del movimiento propio del cine. Toda su obra es la crónica de una tensión, entre el Depardon-fotógrafo, que encuadra y dispara, y el Depardon-cineasta, que sabe que puede girar la cámara, que sabe que puede variar el encuadre en el plano, sin necesidad de cambiar la toma, que sabe que muchos más encuadres son posibles, pero que no se atreve. Como explicó Carlos Muguiro en un revelador texto sobre Lluis Escartín, "Recuérdese Afriques: Comment ça va avec la douleur?: cada vez que en su viaje por el continente (África) llega a un nuevo destino, el director francés planta la cámara de manera ritual y traza una panorámica circular, como un acto de justicia ante lo visible, como un signo de respeto y perdón, como una declaración de su propia impotencia: "Porque seleccionar un encuadre significaría descartar otros. Y, ¿quién soy yo para hacerlo?"."

4. El salto entre la fotografía y el cine no es sólo un salto temporal (del tiempo detenido al tiempo reproducido) sino, sobre todo, un salto en la relación del cineasta-fotógrafo con la realidad, a través de la herramienta de captura. Digámoslo de manera obvia: en una fotografía, el fotógrafo elige el objetivo, elige el encuadre, y dispara. No hay posibilidad de reparar el error, si no es en el siguiente disparo. Si el encuadre no es el correcto, o si el objeto se mueve, hay que esperar al siguiente disparo para rectificar. Incluso con la incorporación del zoom en las cámaras de fotos, la posibilidad de reencuadrar estuvo y está(rá) siempre limitada al siguiente disparo. En el cine, y siguiendo con la obviedad, el cineasta (quizás también fotógrafo), puede rectificar dentro del plano, como si un fotógrafo hiciera zoom dentro de la propia foto. Que es lo que hace Depardon. Hacer zoom dentro de su propia foto. Cineasta del encuadre, cineasta del plano fijo, o casi, el movimiento en el cine de Depardon es siempre un movimiento justo y preciso. Y doloroso.

5. Es interesante conocer esta tensa relación de Depardon con el movimiento y el encuadre para valorar en su justa medida dos de los pocos zooms (si no los únicos) que aparecen en una de sus obras maestras, Urgences. Porque Depardon entiende el movimiento como una cuestión casi temporal: largos planos secuencia en los que el movimiento nace de la extensión del plano, del seguimiento de situaciones que se mueven, pero en los que el cineasta, quizás para pasar lo más inadvertido posible, procura permanecer inmóvil. Por eso, en una película dominada por largos planos secuencia, llaman la atención los dos únicos zooms, los dos únicos movimientos que no aparecen a lo largo del plano, sino dentro de él. Ocurre casi al final de la película. Con la misma crudeza con la que se nos han presentado el resto de situaciones, nos encontramos en una consulta en la que se recibe a un hombre, aturdido, confuso, o borracho. Un plano medio nos presenta a la doctora de urgencias y al hombre, que no para de frotarse insistentemente los brazos. Primero el izquierdo, luego el derecho, mientras la doctora le interroga.

Depardon 1

6. El plano se mantiene prácticamente inmóvil (a excepción del mínimo balanceo del cámara, el propio Depardon) hasta que el paciente le pide a la doctora una manta con la que taparse. Tiene frío, y la chaqueta que él afirmaba que llevaba no aparece por ningún lado. En ese momento, ella se levanta de la silla para coger la manta, y Depardon gira la cámara, acompañándola en su breve trayecto.

Depardon 2

7. Una vez cubierto, el paciente se protege con ella, y parece concentrarse en sus pensamientos. Y entonces llega el primero de los zooms. Depardon, en un movimiento rapidísimo y preciso, se acerca al paciente en estado de semi trance. Frente a la actividad frenética y desaforada de los instantes anteriores, éste ha entrado en una especie de estado hipnótico, y se balancea levemente hacia atrás, ignorando las preguntas de la doctora. En apenas medio segundo, hemos pasado de una escena de contexto a un primer plano del paciente, que balbucea y se adentra cada vez más en su silencio.

Depardon 3

8. El plano continúa cerrado durante unos pocos segundos. Y aquí es donde aparece el otro zoom. El más misterioso de los dos. Mientras el paciente continúa en su estado de trance, y como movido por un resorte invisible, Depardon abre el plano sin motivo aparente. Mientras que el primer zoom (in) corresponde a la entrada en trance del protagonista de la secuencia, el segundo, zoom (out), parece motivado por el mero capricho del cineasta, quizás cansado de un primer plano en el que no sucede "nada".

Depardon 4

9. Falso. Apenas tres segundos después de que Depardon haya corregido el plano, el paciente sale enérgicamente de su estado hipnótico y reanuda su actividad frenética. El zoom (out) se ha adelantado al movimiento del paciente, ha anticipado lo que el protagonista iba a hacer, y ha corregido con antelación para captar la escena en su totalidad, incluyendo también a la doctora, que había desaparecido con el primer zoom.

Depardon 5

10. En este plano, y en su misterio, residen muchas de las preguntas y enigmas del trabajo del documentalista. Resulta tentador despachar esa fascinante anticipación con un "pura casualidad, puro azar". Quizás porque la otra posibilidad es menos comprensible, y menos verosímil también: que Depardon fue capaz de anticiparse al protagonista de su secuencia y reaccionó antes de tiempo para volver al cuadro inicial. Lejos de la magia, o la intuición, lo que está en juego más bien es una estrecha relación del cineasta con lo que filma, un vínculo que se establece a tres bandas, entre la cámara, el cineasta y el protagonista, y del que sólo ellos tres conocen sus secretos. Quizás, se podría pensar, éste es uno de esos raros casos en los que el cámara acierta a encuadrar de manera precisa. Quizás. Quizás es un caso entre un millón, un acierto frente a tantos otros movimientos fallidos, tantos otros zooms perdidos. Quizás. Pero resulta más fascinante pensar que de lo que estamos hablando es, más bien, del trabajo del documentalista y su capacidad de relacionarse atenta e íntimamente con lo que filma.

link: http://images.google.com/imgres?imgurl=http://www.revistapausa.com/imagenes/depardon1_11.jpg&imgrefurl=http://www.revistapausa.com/kinogonzalo11.html&usg=__HQBhXtX6YbyxKJdahpMmA8FVjao=&h=545&w=226&sz=48&hl=es&start=15&sig2=oBmxw3emlFepbFehumMfJw&um=1&itbs=1&tbnid=naFOLmHzBXe2CM:&tbnh=133&tbnw=55&prev=/images%3Fq%3DUrgencias%2Bde%2BRaymond%2BDepardon%26hl%3Des%26client%3Dsafari%26rls%3Des%26sa%3DG%26um%3D1&ei=K3sTS4-ECcuztgf58eC1Cg

Titicutt Follies de Frederick Wiseman



“Titicut Follies”: Casi surreal aproximación documental a una prisión psiquiátrica

"Titicut Follies" es un documental super interesante y crudo el cual  expone el hospital psiquiátrico de Bridgewater State en Estados Unidos. 

El documental esta construido de una  manera super extraña ya que muestra como nuestras formas de pensar socialmente nos hacen actuar de maneras extrañas e irracionales ante los 


problemas que se presentan en la vida. Wiseman plantea una situación que oscila violentamente entre lo poético, lo bizarro, lo humano, lo grotesco y lo terrible.

Se podría decir que no hay protagonistas dentro de este documental aunque existe la participación del director del manicomio el cual aparte de ser un director estúpido, cruel y cerrado se hace presente una y otra vez como tomando el papel de un conductor de un programa de televisión

El estilo cinematográfico de Titicuut Follies esta construido por una cámara silente, omnipresente ( como una cámara de seguridad) haciendo énfasis en detalles de como los presos enfermos mentales actúan y al mismo tiempo en el comportamiento de los doctores. 

Es impresionante como Wiseman logra captar los distintos aspectos de los seres humanos, exponiendonos sus maneras de comportarse, sus virtudes, sus defectos como exponiendo el interior de los humanos que salen en sus documentales. 

Un dato interesante sobre este documental:
Titicutt Follis fue prohibido en su ciudad de origen (Massachusetts), y, cuando al fin lo dejaron exhibirse, se le pidió al director  Wiseman que incluyera un cartel en el cual dijera que las condiciones desde 1966 habían mejorado y cambiado en Bridgewater. Wiseman, en un tono irónico y sarcástico hace énfasis al texto y a lo que le requirieron sobre esta institución.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Salesman de Albert & David Maysles

El documental es algo pesado bueno la verdad para mi fue muy pesado y muy desesperante, sin embargo creo que el punto principal que los hermanos Maysales estaban tratando de expresar queda súper claro, ya que todos sabemos que cualquier trabajo es muy pesado aunque el trabajo de los "Salesman" (vendedores de Biblias) tiene un estilo único de vender a la fuerza.
Este documental me recordó a lo que mi abuelo me dice todo el tiempo: hace unos días fui a comer a casa de mis abuelos y mi abuelo me pregunto cuanto me falta para acabar mi carrera y le dije, me falta un año mas abuelo y el me dijo "ahora si en un año te vas a enfrentar a una de las faces mas difíciles: LA VIDA" lo que el se refería es que como ya voy a acabar mi carrera ahora si es vivir por mi cuenta y no seguir dependiendo de mis papas, lo difícil que va a ser conseguir y conservar un trabajo y todo eso; Aunque a pesar de todo creo que ya estoy súper listo pero pues bueno se que terminando la carrera viene una época de cambios totales pero estoy seguro que lo resolveré bien. 
Haciendo énfasis en lo que mi abuelo me dijo con el documental creo que queda muy claro ya que el documental cuenta de lo difícil que es conseguir y mantener un empleo aunque por una parte en Salesman, exponen un trabajo muy duro el cual esta lleno de trampas de vender a la fuerza y de engaños ya que los vendedores venden Biblias a personas de recursos bajos las cuales no tienen dinero para nada casi casi no tienen ni siquiera dinero para comer; Aunque podemos observar como los vendedores hacen todo lo posible para lograr vender sus productos.
Este documental utiliza un estilo de una camara muy disntante aunque esta presente en cada momento y capta cada detalle; Salesman utiliza un estilo súper lineal, ya que es demasiado lento y también hacen énfasis en el paso del tiempo.
Aqui les expongo algunos datos y puntos interesantes de comentarios que se han hecho sobre salesman
Salesman (1969) 

Director: Albert Maysles, David Maysles 

Stars: Paul Brennan, Jamie Baker 

Release Company: The Criterion Collection

MPAA Rating: NR

Italian Neo-Realism

Albert & David Maysles: Salesman



"After all the highways, and the trains, and the years, you 
end up worth more dead than alive."
Willy Loman in Death of a Salesman
The days of the door-to-door salesman are now 
dim memories of Americana, along with Burma Shave signs 
and real cherry Cokes from the neighborhood drugstore.
 It took a special kind of man to suffer the indignities of 
continual rejection by refusing the security of a regular
 paycheck and benefits to pursue the great
 American dream. All jokes aside, the life of a 
travelling salesman is no easy street, and
 filmmakers Albert and David Maysles intimately 
capture the lonely existence of a real life 
Willy Loman in their 1969 documentary Salesman.

From my door-to-door experience between semesters
in the late sixties, I can attest how tough this profession is.
I sold Bible literature in Oklahoma that summer of '69,
and in many ways it was the toughest job I've ever had.
 Relying on my own resources, I had to find a way to live
 those three months on whatever down payments I could
muster from the customers—and I soon discovered that
not everyone is going to let the strange visitor claiming to

be from the church inside the door—and even fewer
 were actually going to buy Bible literature from this
 stranger. Despite continual rejection and numerous
doors slammed in my face, I'm thankful for the things
 I learned along the way—I'm familiar with the required
attitude and mentality and can spot those "cunning" used
 car salesmen tricks and techniques.

The experience also helps me appreciate the
Maysles' little-seen documentary that is now
thankfully preserved definitively by the Criterion
 Collection with its usual array of fine DVD extra features.

The film's most amazing aspect is that it was made
 at all. Knowing how difficult it is to get inside
suspicious prospects' homes, the idea that the
salesman can get inside for a pitch with a two-man
camera crew in tow is mind-boggling. But they
 managed—usually by explaining to the customer
 that they were merely following the salesman
 around to film his presentation, proving that some
Americans are willing to do most anything for
 the remote possibility of achieving their fifteen minutes of fame. 

The Maysles follow four Irish Catholic Bible
 salesmen from Boston on their daily routines
in the field and uneasy camaraderie in their motel
 rooms and cafes. Raymond "the Bull" Martos
 plugs along, Charlie "the Gipper" McDevitt
 jokes his way through, James "the Rabbit" Baker
effectively sticks with the program, but Paul
 "the Badger" Brennan becomes the "star" of the
documentary by being "different." The filmmakers
 describe him as the "one who shows humanity,"
but professional sales people will recognize him
as the guy with low self-esteem who gives up
on the program and heads inevitably towards failure.
 While Lee J. Cobb and Dustin Hoffman are
well known for playing Willie Loman on stage, Paul
Brennan 
isWilly Loman in the flesh. He even exclaims,
"They say Alaska's good territory," at one point—had
 the filmmakers been able to visualize his
 numerous silent reveries, they might even have
located the imaginary Ben.

One early telling scene, after a tough winter day
in the field, shows Paul letting off steam to
 his mostly silent roommate, Raymond. As he
 prefaces his remarks with claims of "not being
 negative," he proceeds to whine about his
 inability to get inside doors to make his pitch,
 how sick he is of people's excuses, and
how awful the territory is with its "Guineas."
Although the filmmakers pity him, others will
see him as an insincere, manipulative "dime
 a dozen" loser. Soon after this scene, the
 filmmakers show the isolated salesman
pensively peering out the train window on
 his way to a sales meeting in Chicago and
edit in an audio narrative from his boss Kenny:
"If a guy's not a success, he's got 
nobody to blame but himself. What 
everybody's got to do is to quit making
 alibis and excuses and accept
 responsibility if a success or failure."
Had the filmmakers focused on the other
three salesmen, who were more in line with
 the positive thinking program, the
documentary would take on an entirely
 different tone, one much less interesting
to most audiences. Professional sales people
 show their own inspirational videos, designed
 to fire up the troops and get them to dream
 the big dream to pursue their goals—the
 Everyman types who start with nothing
and succeed. This documentary becomes
poignant because it avoids the traditional
hype by focusing on the Everyman least
 likely to succeed.

The Maysles brothers prefer to call their
 documentary technique "cinema direct"
(as opposed to "cinema verite) for their
method of simply filming whatever
 happens and avoiding narration. Although
 they capture what truly happens, they
certainly editorialize and pointedly
emphasize essentially anti-Capitalist themes
 with their editing selections. Their selection
 of portraying door-to-door Bible salesmen
 is deliberate—the Maysles brothers seeing
this as a quintessentially ideological American
 film combining Capitalism and Religion with
 the symbolic Bible as salable product. 

Nothing is staged, but with massive amounts
 of raw footage to work with, the filmmakers
craft a cynical insider's view of selling in
America by focusing mostly on a rather
unlikable loser—a man who hums "If I Were
 a Rich Man" in the car while bemoaning his
 lot in life on the road, preys upon one
poverty stricken woman's basic goodness
by lying and laying on a Catholic guilt trip,
 and has nothing more to discuss with his
 wife than assure her that he's not driving
too fast. (In the extras we learn that Paul
 will trade in his Bibles to sell aluminum
siding the next year and will soon die
from rheumatism) 

But filmmakers are not required to offer
 "balanced" coverage for documentaries,
 especially when the project isn't slated
 for broadcast journalism. 
Salesman
 represents a remarkably disturbing
visual document of a lifestyle that may
well be gone forever while exposing the
 underbelly of capitalism that remains live
 and well across America. 

Most effective are the long silences...the
 empty stares found upon the faces of these
 four salesmen as they go through their
daily rituals over coffee—the same banality
that you'll find in corporate America, where
the only thing these men have in common
 is the business deal. With deft juxtapositioning
 and editing, the filmmakers successfully
question the core values of capitalism,
making this real life 
Death of a Salesman
 scenario essential viewing.

link: 
http://oldschoolreviews.com/rev_60/salesman.htm 

D' Est Chantal Ackerman



El documental de "El este' de Chantal Ackerman es un filme en el cual no pasa nada, se nos presentan paisajes vacios, calles vacias, coches, calles con gente esperando el metro o algo, estaciones de tren, genete haciendo sus actividades cotidianas o solo pasando el tiempo.
Cuando Chantal Ackerman creo este documental Europa estaba en medio de un trance completo dado por la ruptura de la Union Sovietica y la caida del muro de Berlin. Podria decir que el estilo de gente y su comportamiento esta ligado a un frio ambiente de tristeza y insertidumbre de que mas les podría pasar 

Ackerman utiliza un esilo cinematografico muy personal ya que casi todo el tiempo utiliza dollys muy lentos o tomas fijas, tambien utiliza travellings paralelos siguiendo la estetcia y el paso de los personajes expresando lo que sucede en el tiempo real, lo que expresa es lo que el ve a trevz de sus ojos; El diseno sonoro podria decir que es igual a su estilo cinematografico ya el documnatl utiliza sonido directo sin hacer enfasis a nada en particulas (murmullos, gente hablando, ninos gritando etc...) El unico sonido extradiegetico que utliza es derrepente podemos escuchar sonidos musicales  ligados a lo que estamos viendo 
Utiliza en muchas escenas iluminacion artificial la cual no cambia el humor ni la presencia de la gente, lo unico que podriamos deicr que hace es que ilumina y llama la pequena atencion de la gente para que volteen a camara.

Akerman se considera entre las cineastas europeas más innovadoras de su generación, pues jamás cuenta las historias tradicionales, y mucho menos en la forma en que el público lo espera, sino que emplea el lenguaje cinematográfico y el estilo minimalista para explorar personajes y espacios cotidianos e ignorados. Sobre su filmografía ha dicho que se propone “trabajar exclusivamente con el lenguaje del cine, sin apelar a ningún tipo de elemento narrativo o sentimental... es el lenguaje en sí mismo la esencia de mis películas, que no quieren recurrir a las posibilidades de la identificación.

Aqui les expongo unas de sus fraces que ha dicho en entrevistas 

“Comparado con las instalaciones, el cine es un trabajo heroico, enorme, pues en las instalaciones puede verse el resultado de inmediato, pero en cine solo te enteras de lo que hiciste mucho tiempo después. La mayor parte de las veces, incluso en filmes experimentales, tienes que escribir una historia, si es que pretendes ganar algún dinero. Trabajos como A couch in New York son enteramente comerciales. Pero a pesar de todo me gustó escribirla, como diferencia. En los documentales, nunca sé lo que voy a hacer antes de filmarlos, y por tanto no puedo escribirlos, pues carecen de planes y de alguna manera son aterradores, pues pueden terminar de cualquier modo.

“Siento que mi estilo está más cerca de Carl Dreyer que de Warhol, Bresson o Snow, con los que frecuentemente se asocia mi trabajo en el cine. En Dreyer está esa tensión entre las emociones que puede proyectar un rostro, o las cosas que el espectador cree ver en ese rostro.

“Cuando era joven mi sueño era convertirme en una gran escritora. Escribí mucho, pero los grandes escritores me seguían impresionando. Siempre me digo que en algún momento pararé de hacer películas y me dedicaré de veras a escribir. Aunque parezca tonto y caprichoso escuchármelo decir, creo que la literatura es el medio que más me interesa.

“N unca he tenido carné de ningún partido y siempre me ha sido difícil adherirme a conceptos macropolíticos. Pertenecí unos meses a un grupo feminista y salí desilusionada. No soy una “cineasta feminista”. Pero siempre he tenido una conciencia muy clara de las situaciones injustas, soy incapaz de aceptarlas. Cuando de niña veía a mi madre, en casa, hacer todo el trabajo... el caso es que toda mi obra nace de experiencias muy íntimas, difícilmente comunicables, no de grandes ambiciones ni postulados teóricos. Pero, sin duda, el resultado final acaba por ser, de algún modo, político, universal.

“En mi obra hay una voluntad de silencio, un deseo de callar para decir más en otra ocasión. En una de mis películas, Sur , trataba un linchamiento en una ciudad del sur de EE.UU. La policía había trazado círculos en la calzada para señalar dónde habían quedado esparcidos los restos del asesinado. Yo los filmé y creo que aquellos círculos resultaban más elocuentes, más traumáticos, que la visión del cadáver, algo que al fin y al cabo aparece hoy en cualquier película. Hoy todo se muestra de forma absolutamente literal, las imágenes bullen, pero nada sucede. Estoy muy de acuerdo con Proust cuando dijo que hacen falta nuevas estrategias para hablar de lo importante”.